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Por Jacob Morales · 10 min de lectura

Generosidad: qué es y por qué dar te llena más que gastar en ti

La generosidad es la disposición a dar lo que tienes, sea dinero, tiempo o atención, sin esperar algo a cambio. Se suele presentar como una virtud que te cuesta: das y te quedas con menos. Los experimentos de los últimos veinte años cuentan otra parte de la historia, la que le pasa a quien da.

Qué es la generosidad

La generosidad es dar con facilidad lo que es tuyo. La Real Academia la define como la inclinación a “anteponer el decoro a la utilidad y al interés”: hacer lo que está bien antes que lo que te conviene.

Una persona generosa comparte sin que tengan que convencerla. Presta, invita, regala, ofrece su tiempo. Y no lleva la cuenta de lo que dio.

De dónde viene la palabra

Generosidad viene del latín generositas, que a su vez viene de genus, “linaje”. Al principio, generoso era quien venía de una familia noble. Con el tiempo, la palabra dejó de hablar de la sangre y pasó a hablar de la conducta: noble es quien da.

La generosidad como valor

La generosidad es un valor humano: una forma de actuar que casi todas las culturas consideran deseable. Se enseña en casa y en la escuela junto a la solidaridad, la empatía y el respeto.

Como valor, la generosidad suele explicarse por lo que le da al otro. Ayuda a quien tiene menos, fortalece a la comunidad, crea confianza. Todo eso es cierto. Se explica mucho menos por qué la gente generosa suele verse más contenta.

Ejemplos de generosidad

La generosidad va mucho más allá del dinero. Estos son ejemplos de generosidad en distintas formas:

Si buscas ejemplos de altruismo en la historia y en la naturaleza, están en otra página. → Ejemplos de altruismo

Gastar en otros te hace más feliz que gastar en ti

Gastar dinero en otras personas te hace más feliz que gastarlo en ti. Es una de las conclusiones mejor estudiadas de la psicología del bienestar.

En 2008, Elizabeth Dunn, Lara Aknin y Michael Norton publicaron en Science tres estudios. En el primero preguntaron a cientos de estadounidenses en qué gastaban su dinero cada mes. Lo que gastaban en sí mismos no tenía relación con su felicidad. Lo que gastaban en otros, sí. En el segundo siguieron a un grupo de empleados que recibieron un bono: semanas después, los que habían gastado más del bono en otros estaban más contentos.

El tercero fue un experimento. Les dieron a unas personas un sobre con 5 o 20 dólares, con una instrucción para ese mismo día: gastarlo en ellas mismas o en otra persona. Al final del día, quienes lo gastaron en otros estaban más contentos. Y cuando les preguntaron a otras personas qué esperaban que pasara, la mayoría apostó al revés.

Ese último dato es el más interesante. Casi todos creemos que gastar en nosotros nos va a dar más. Por eso seguimos haciéndolo.

Pasa en países ricos y pobres

El efecto aparece en culturas muy distintas. En 2013, Aknin y su equipo analizaron datos de 136 países. En la mayoría, quienes habían donado dinero en el último mes reportaban más satisfacción con su vida, en países ricos y en países pobres. En experimentos en Canadá, Uganda y la India, recordar una vez en que gastaste en otro te dejaba más contento que recordar una vez en que gastaste en ti.

Lo que hace que funcione: ver el efecto y estar cerca

No toda generosidad llena igual. Los estudios encuentran que el efecto es mayor cuando se cumplen dos condiciones:

Las dos condiciones dicen lo mismo: lo que llena es la conexión con el otro. El dinero solo es el vehículo.

Generosidad y salud

La generosidad se asocia con mejor salud, sobre todo en personas mayores. En un estudio con parejas mayores en Estados Unidos, quienes daban apoyo a otros vivieron más años durante el seguimiento. Recibir apoyo no mostró el mismo efecto (Brown y colegas, 2003). Un metaanálisis encontró que las personas mayores que hacen voluntariado tienen menor riesgo de morir en los años siguientes (Okun, Yeung y Brown, 2013).

Una advertencia importante: estos estudios muestran una asociación; todavía no prueban que dar cause la mejor salud. Puede que las personas más sanas tengan más energía para dar. Aun así, el patrón se repite en muchos estudios.

Lo que la ciencia todavía discute

La ciencia sobre la generosidad tiene resultados sólidos y también límites. Vale la pena conocer los dos.

En 2020, el propio equipo de Aknin repitió sus experimentos con miles de personas. Gastar en otros volvió a dar más felicidad en dos de tres pruebas, con diferencias pequeñas. Un metaanálisis de 2018 que reunió 27 estudios sobre actos de bondad encontró un efecto de tamaño pequeño a mediano en el bienestar de quien los hace (Curry y colegas).

Un efecto pequeño puede importar. La generosidad no va a cambiar tu vida en una tarde: suma, un gesto a la vez, en una dirección que casi nadie elige por su cuenta.

Los ocho niveles de la generosidad

En el siglo XII, el filósofo judío Maimónides ordenó la generosidad en ocho niveles, de menor a mayor:

  1. Dar de mala gana.
  2. Dar menos de lo que corresponde, pero con buena cara.
  3. Dar después de que te lo pidan.
  4. Dar antes de que te lo pidan.
  5. Dar sin saber a quién le das, aunque el otro sepa quién eres.
  6. Dar sabiendo a quién le das, sin que el otro sepa quién eres.
  7. Dar sin que ninguno de los dos sepa quién es el otro.
  8. Ayudar a alguien a que ya no necesite ayuda: con un préstamo, una sociedad o un trabajo.

La lista sorprende por lo práctica. Maimónides valoraba la forma de dar casi tanto como lo que se da. Y en lo más alto puso algo que mira al futuro del otro: que llegue a valerse por sí mismo. En hebreo, la palabra para esta ayuda, tzedaká, viene de tzedek, “justicia”.

Generosidad y altruismo: en qué se diferencian

La generosidad y el altruismo se parecen, y tienen una diferencia de grado. La generosidad es la facilidad para dar lo que tienes. El altruismo añade dos cosas: que te cueste de verdad y que lo hagas por el bien del otro.

Invitar a un amigo a cenar cuando te sobra el dinero es generoso. Prestarle el dinero de tu renta a alguien que lo necesita para un tratamiento, sabiendo que te va a apretar, es altruista. → Altruismo: qué es y por qué dar te hace más feliz que recibir

La generosidad que te llena

La generosidad te llena porque, cuando das, también recibes. El estudio del sobre con 20 dólares lo muestra de forma sencilla: el mismo dinero, gastado en otro, te deja más contento que gastado en ti.

Eso cambia la pregunta que solemos hacernos. Pensamos en la generosidad como un sacrificio que algunas personas buenas están dispuestas a hacer. Los experimentos sugieren que también es una forma de gastar que te deja más contento que gastar en ti. Lo que compras para ti se gasta. Lo que das pasa por otra persona y vuelve. → Dar y recibir

En el cerebro, donar por decisión propia activa las mismas zonas de recompensa que recibir dinero. → Hormona de la felicidad: cuál es y la forma de activarla que casi nadie usa

Preguntas frecuentes

¿Cómo ser más generoso?

Para ser más generoso, empieza con algo pequeño y con una persona concreta. Los estudios sugieren que el efecto se nota más cuando ves el resultado y cuando hay alguien al otro lado. Fíjate en lo que sientes después: eso es lo que hace que lo repitas.

¿Se puede ser demasiado generoso?

Sí, la generosidad puede agotarte cuando das sin límites y sin cuidar de dónde sale lo que das. Quienes dan mucho y les va bien suelen elegir cuándo y a quién ayudar. → Altruista: qué es y cómo es una persona altruista

Sinónimos de generosidad

Los sinónimos más usados de generosidad son desprendimiento, largueza, esplendidez, altruismo y bondad. Su antónimo es la avaricia o la mezquindad. → Antónimo de altruismo y sus sinónimos


Piensa en lo último que compraste para ti y en lo último que diste. Probablemente recuerdas mejor lo segundo. Esa diferencia dice algo sobre dónde está lo que buscas.


Jacob Morales estudió por qué elegimos lo que nos daña sabiendo lo que cuesta. En el camino encontró que dar es una de las pocas cosas que llenan sin pedir más. → Sobre mí

Fuentes