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Jacob Morales

Pasé años buscando formas de sentirme bien que no se gastaran.

Me decían Mister Finalista. Lo dejaba todo para el último momento, y tardé doce años en terminar una carrera de cinco. Quienes me conocían decían que tenía mucho potencial. Mis parejas pensaban otra cosa.

Probé lo que encontré. Un coach que me hacía seguimiento cada mañana. Ayunos de dopamina, agua helada, levantarme a las cinco. Leí todos los libros de hábitos que había. Algunas cosas funcionaban un par de días. Después volvía al mismo lugar, con ganas de algo más: el video, el dulce, una hora en Wikipedia leyendo a qué edad Elon Musk hizo su primer millón.

Me puse a estudiar por qué elegimos lo que nos daña sabiendo lo que cuesta. Primero en la psicología, después en la Cábala. En el camino apareció una pregunta que no esperaba: ¿qué estoy dando cuando tomo algo solo para mí?

La respuesta me incomodó. Cada vez que abría el video o me comía el dulce, estaba recibiendo un placer real. Y en ese mismo momento le entregaba mi atención, mi tiempo, el único momento que tenía. Se lo daba a algo que se gastaba en minutos.

Después me hice la pregunta al revés: ¿qué recibo cuando doy? Ahí la ciencia tenía más respuestas de las que imaginaba. Cuando das por tu cuenta, tu cerebro activa las mismas zonas que cuando recibes. El dinero gastado en otro te deja más contento que el gastado en ti. Y a ese placer el cerebro tarda más en acostumbrarse.

La Cábala me dio la otra mitad. Parte de una idea sencilla: el ser humano está hecho de deseo de recibir, y el trabajo de una vida consiste en aprender a recibir de una forma que también da. Ese deseo se queda; lo que cambia es hacia dónde va. Por eso desconfío de quien me pide que deje de pensar en mí. Lo que encontré es una forma de pensar en mí que incluye a otros, y que por eso llega más lejos.

Todavía tomo de más. Todavía abro el video. Lo que cambió es que ahora sé qué estoy entregando cuando lo hago, y sé dónde está lo que llena sin pedir más.

Esta web es lo que encontré. Cada página entra por algo que buscas y te lleva a lo que recibes cuando das.

La otra mitad de esta historia, la de por qué aplazamos lo que más nos importa, la escribí en El FIN de la procrastinación.

→ Altruismo: qué es y por qué dar te hace más feliz que recibir